En la niebla oscura y la atmósfera helada todo es tan silencioso. Los días y las noches pasan desapercibidos, la luz del sol no logra penetrar este espeso lugar. El bosque siniestro es mi hogar, los años pasan y nada cambia. Los árboles torcidos con ramas secas sin señales de que exista la primavera, los pequeños riachuelos que empujan las hojas a lo largo de su paso y el olor de tierra mojada todas las mañanas. A veces quisiera salir, la soledad me mata, he vivido toda mi vida aquí y sin embargo sigo sin acostumbrarme, a veces me cuestionaba mi pertenencia a este lugar. Esta es la historia de un ser solitario.
Todos los días despierto adolorida y cansada de pelear, en este lugar aprendes a sobrevivir, y después aprendes que es la única manera de vivir, Todos los días me enfrento a diferentes demonios, con el solo fin de proteger el pequeño espacio que tengo para poder llegar a descansar mis alas después de las batallas y pensar en lo difícil que es no tener a alguien en quien apoyar mi cabeza hasta que quede profundamente dormida. Vivo en un viejo roble, su corteza lleva marcados los estragos de los años, sus diferentes ramas me sirven de cama y no importa que tan alto pueda ser, porque ningún árbol logra sobrepasar la espesa niebla que reina en este lugar, simplemente ves lo interminable que es. Aquí soy solo un demonio más que no se confía de nadie, y que, como la mayoría, no ha salido de este lugar, el miedo al rechazo nos mantiene aquí. Los días eran y son una rutina eterna para mí, pero eso no significa que no haya habido un momento en el que pensara que un día eso pudiera cambiar.
Reposaba encima de mi gran viejo roble, mi pie izquierdo colgaba mientras que intentaba atrapar unas graciosas siluetas de humo que no dejaban de bailar a mi alrededor y no me dejaban descansar, cuando de pronto pude distinguir entre la espesa niebla una figura de vivos colores, así que de un manotazo hice que se desvanecieran las latosas siluetas. No quise moverme, me daba curiosidad saber qué era esa criatura, no se me hizo familiar, por aquí los colores no son muy comunes. Caminaba sin sentir miedo y con una total seguridad que me hizo desconfiar, a pocos metros de distancia se detuvo frente a mí, su mirada se encontró con la mía. Instantes después me saludo con una graciosa reverencia y me dijo que su nombre era Ulises y que era un juglar. La manera tan despreocupada de iniciar una conversación me produjo una sensación extraña, así que me alejé, dí media vuelta y empecé a subir por el roble, mientras que él me preguntaba mi nombre. No le hice caso y seguí subiendo, me detuve en una gruesa rama y me disponía a dormir cuando escuché cómo las ramas secas crujían por alguna razón, era Ulises, que empezaba a subir por el árbol. Mi instinto me hizo gruñir, y al ver que no retrocedía, mis alas se extendieron por completo y mi espalda estaba arqueada, mis garras arañaron la rama, mis ojos se tiñeron completamente de negro y emití un sonido con mi garganta, solo para incitarlo a retroceder. Se detuvo y al momento de sonreirme la rama no aguantó más y se rompió. Ni siquiera me detuve a pensar en que corría peligro, simplemente me arrojé y justo antes de que llegara al suelo lo sostuve de una mano y seguí volando, pero no me dí cuenta que en la dirección a la que me dirigía, otro árbol impedía el paso e inevitablemente chocamos contra él. Me encontré en el piso llena de hojas secas un poco mareada y con un dolor en mi hombro. Al momento de incorporarme Ulises se levanta, me pregunta si estoy bien y me da la mano para ayudarme, empiezo a gruñir y empujo su mano, estaba furiosa y aun así no querìa lastimarlo. Empecé a caminar pero por alguna razón querìa ver si se encontraba bien, así que volteé y noté en su mirada una expresión de asombro. Al parecer mi indiferencia y mi forma tan huraña de ser, lo tenían sorprendido y parecía que no lo podía creer, en ese momento supe que así como él me parecía extraño yo lo era de igual manera para él. Mi orgullo se presentó al momento en que pensé hablarle al fin y por alguna razón esta vez no me dominó. Regresé y le pregunté si se encontraba bien, sonrió y respondió que solo tenía unos cuantos raspones. En tono burlón preguntó si le diría mi nombre, y respondí con cierta inseguridad.
- Mi nombre es Gabrielle-
- Ya veo –respondió- eres una vampiro, jamás había conocido uno, de hecho nunca había estado aquí- en ese momento noté que no sentía miedo alguno, el estar en un lugar totalmente desconocido no le producía ninguna sensación de angustia, “qué ser tan extraño”, dije para mis adentros, le pregunté cómo es que había llegado hasta ahí, y cómo es consiguió salir ileso y no ser atacado por algún demonio enfurecido.
- No lo sé, respondió, muchos hablan de este lugar, dicen que es tenebroso y también muy peculiar, simplemente empecé a caminar hacia acá.
Me resultaba sorprendente la manera en que llegó a este lugar, nunca había conocido a alguien así, sus ropas eran holgadas y de vistosos colores y tenia una forma tan despistada de caminar.Se sentó a los pies de un árbol y empezó a tocar un extraño objeto, su sonido hizo que mis orejas se levantaran, una enorme curiosidad me invadió y no pude evitar preguntarle
-¿que es eso?, sin despegar la mirada- es una vihuela, y es un instrumento musical, la utilizo para cantar mis versos y mis mas profundos pensamientos- respondió.
La vibración de las cuerdas y el sonido que producían me tenían hipnotizada.
-Yo no sé que haría sin Argon- dijo
- ¿quien es Argon?- pregunté
-Ella es Argon- señalando la vihuela- sé que suena extraño pero así es como la nombré-
-Gente rara, bueno no podía esperar más de ti-
- y yo no podía esperar menos hostilidad de ti- dijo con una sonrisa de oreja a oreja mientras seguía tocando.
El comentario no me agradó en lo absoluto, sobretodo porque sabía que tenía toda la razón, pero realmente nunca había tenido la necesidad de relacionarme con alguien. Si necesito alimento atrapo a mi presa si no, peleo por ella. El único lenguaje que necesitas en este lugar es el enfrentamiento.
Empezaba a soplar el viento helado, eso me advirtió que la hora en que los demonios salían a cazar, llegaría muy pronto. Ulises se percató en la manera en que yo me alertaba, le dije que debía irse, si había tenido tanta suerte en llegar hasta aquí debía aprovecharla para regresar de donde fuese que viniera.
-Si quieres que me vaya, solo dilo-
-No es eso, es solo que tú no deberías estar aquí, no sabes a lo que te enfrentas- le respondí
- Esta bien, solo porque así me lo pides, ¿pero me acompañarás cierto? Haciendo una sonrisa pícara
-¡Ja! olvídalo, tú llegaste solo y así es como te irás- le respondí
-La verdad no recuerdo bien por donde llegué, vamos tu puedes ayudarme, además no creo que tengas nada mejor que hacer, ¿o si?- me dijo en tono burlón
-Ah. esta bien, pero tendrás que seguir tocando durante el camino- dije
Caminamos en la misma dirección en la que Ulises había llegado. Mientras él tocaba la vihuela, se burlaba de mi cuando sin querer movía la cabeza al ritmo de la música. Todo me resultaba conocido al principio pero después empecé a desconocer todo el lugar, únicamente sabía que no habíamos salido del bosque aún. De pronto unas pequeñas luces se veían a lo lejos, el viento helado había cesado, la niebla poco a poco se desvanecía, los árboles tenían un poco mas de follaje y empecé a extrañar la tierra mojada que se colaba por mis dedos. Me detuve un momento, no pude seguir, sentí miedo, y no logré avanzar. Ulises preguntó si algo estaba mal, y respondí que tenia que regresar al bosque. Fijó su mirada en mí y me sonrió.
-Esta bien, agradezco que me acompañaras –me dijo
- He cumplido, márchate ya- dije en tono enfadado para no mostrar mi miedo
- No tienes porqué temer a lo desconocido- respondió
Me quedé impresionada al oír esa declaración, empecé a retroceder en mis cuatro patas, di media vuelta y me dijo, algún día vendrás conmigo, me incorporé y emprendí el vuelo sin dejar de pensar que lo que me había dicho significaba que querìa volver a verme.
Esa noche después de librar unas cuantas batallas, regresé a mi añoso roble, me dejé caer cual gota de agua al llover sobre una rama, estaba agotada, no dejaba de pensar en el encuentro de aquella tarde, para mí las casualidades no existen, solo existen los eventos necesarios para hacer un cambio en tu vida por mas mínimo que sea, y este encuentro no estaba totalmente segura de qué cambio tan drástico podría llegar a ser en mi vida. Poco después mis ojos se cerraron y caí en un profundo sueño.
Pasaron varios días, y parecía que nada fuera de lo común hubiera sucedido en mi vida, ni siquiera me pregunté si vendría Ulises a visitarme. Me encontraba bebiendo agua cerca de un arroyo, el agua helada después de despertar me reanima. Mientras estaba arrodillada frente a el riachuelo y satisfacía la sed que me secaba la boca, una pequeña criaturita saltó y me salpicó mi espalda, un escalofrío hizo que me inclinara hacia atrás, las gotitas atravesaron mi túnica y recorrieron toda mi espalda hasta llegar a la parte más baja de ella. Traté de atrapar a la traviesa criatura azul con ojos saltones y sus aletas puntiagudas pero era demasiado rápida. Tropecé con una roca y caí de rodillas, cuando el agua se calmó y se convirtió en un espejo, distinguí unas ropas de vivos colores, era Ulises, que trataba de contener su risa para no provocar mi ira, así que me empecé a sacudir estando sobre mis cuatro patas y lo mojé de pies a cabeza, corrió hasta la orilla del arroyo tratando de proteger a Argon, mi risa explotó y después de calmarme lo alcancé cerca de mi hogar sentado sobre una piedra intentando secar la vihuela.
-Esa fue una broma de mal gusto- me dijo al mismo tiempo que miraba con enfado
-Y eso que tú sólo sentiste las gotas heladas en la cara, sólo en la cara- respondí y se quedó mirándome con una expresión de interrogación
- olvídalo- le dije, y continuó secando su instrumento.
-bueno- y sonrió después de ver que Argon estaba totalmente seca- he venido, porque creo que la noticia que te tengo, contigo me hará tener un acierto. Esta noche habrá una enorme celebración, una fiesta de máscaras que produce gran emoción, a toda persona de la región.-
La invitación a mi no me produjo ninguna emoción, nunca había pensado en salir de este lugar, pero me daba cierta inquietud conocer qué había mas allá de este bosque, así que por esa extraña razón, acepté la invitación.
- Oye pero… ¿no crees que la gente, se asustará al ver una criatura como yo?-pregunté
-Calma, en estas fiestas de máscaras, todo mundo va disfrazado, no tienes de qué preocuparte- me dijo
-Si es así entonces vayamos-respondí...
lunes, 2 de noviembre de 2009
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