lunes, 2 de noviembre de 2009

Naturaleza de un ser solitario 2da parte

Nos encaminamos hacia el pueblo donde la fiesta iba a dar comienzo, los nervios empezaban a reflejarse con un dolor en mi estómago, seguía caminando pero la vista la tenia fija. Solo pensaba en qué era lo que podía pasar. Llegamos a donde la niebla desaparece y la tierra es seca. Las luces se empezaban a distinguir y en ese momento, Ulises me detuvo por el brazo y sacó de entre sus ropas un antifaz de color negro con muchos objetos pequeños y brillosos, tendrás que usarlo, me dijo, así disimulará un poco los ojos de gato que tienes aunque resaltará mucho más tu palidez, creerán que es parte del maquillaje, la forma del antifaz hacía ver mis grandes ojos, rasgados y aún mas grandes, las plumas picaban un poco mi nariz pero eso no evitó que siguiera adelante. Al estar dentro del pueblo, toda clase de sonidos inundaban mis oídos, pude ver que muchas personas vestían igual que Ulises, ropa de vistosos colores y un extraño sombrero con una enorme pluma, y cada uno tenía diferente instrumento, la mayoría cantaba y tocaba algunas melodías, otros jugaban graciosamente con manzanas arrojándolas por los aires moviéndolas en círculos. Ulises me enseñó que eso que hacían se le llama malabares. Los distintos olores que captaba mi nariz me resultaban agradables, la gente solo bebía, comía y reía, pero de pronto, una ruidosa carcajada hizo que inevitablemente volteara a ver a una señora bastante graciosa, no paraba de reír y cada vez que lo hacía, no podía evitar ver el gran espacio que tenía entre cada diente, la ropa le quedaba ajustada…qué digo ajustada, ajustadísima, parecía que en cualquier momento podría rasgarse, ella estaba sentada en un pequeño banco de madera, mientras que alguien la peinaba entretejiéndole el cabello y maquillándole los ojos, y no paraba de gritar a todo mundo,” ¿me veo bella?, ¿verdad que sí?”, me causó tanta risa que tuve que taparme la boca para que mis afilados colmillos no se vieran, Ulises tuvo la misma reacción al ver esa escena, así que me jaló del brazo para que nos fuéramos de ahí, en el camino nos encontramos a un amigo de Ulises, era un dibujante, tenia a la mano un pedazo de madera plano para poder recargarse, y un pequeño trozo de carbón, él y mi acompañante se saludaron con un fuerte abrazo, después me presentó, su nombre era Heinlen, era muy amigable hacía muchos movimientos al hablar y su risa parecía ser muy sincera. Después de conversar un rato, nos dijo que haría un dibujo de nosotros dos, hizo que nos mantuviéramos inmóviles durante unos instantes y después de eso la sorpresa fue enorme, el dibujo no era de nuestros rostros sino de nuestros ojos. Dibujó mi ojo derecho y el ojo izquierdo de Ulises, estaban acomodados en el papel de manera que pareciera que fueran del mismo rostro, fue algo inesperado pero agradable. Antes de irnos Heinlen se despidió de Ulises pero esta vez lo llamó de otra manera,


-Cuídate Elrich-
-Cierra la boca- contestó Ulises
-¿Por qué te llama de esa manera?-pregunté
-¿No te ha dicho?-preguntó Heinlen-su otro nombre es Elrich, pero odia que lo llamen así- Ulises solo lo miraba con cara de fastidio, yo también lo llamé por ese nombre y me hacía gracia verlo enojado
-Vámonos - me dijo, y me despedí de Heinlen.


Después de eso, nos sentamos en unos bancos cerca de una carpa donde había manzanas, yo me comí una, espérame aquí dijo, yo asentí con la cabeza ya que estaba comiendo con gran placer mi manzana. De regreso, Ulises venía con las manos atrás, y con su típica sonrisa, “cierra los ojos”, dijo, cerré mis ojos y sentí como colocaba algo alrededor de mi cuello, cuando los abrí ví que era un frasquito muy pequeño con una pequeña rosa en su interior y colgaba de una cuerda de color negro. Fue una sensación insólita, nunca me habían obsequiado algo, antes de que pudiera pronunciar una palabra, se acercó y pegó sus labios contra los míos, haciendo un sonido peculiar, se alejó nuevamente con los ojos muy abiertos. Yo sentía que no podía respirar seguramente tenia lo ojos igual de abiertos que él. Nuevamente traté de decir algo pero no pude, no supe qué decir, lo que hizo no me molestó, solo me incomodó un poco.


-Creo que debo irme- le dije tartamudeando
- Esta bien, déjame acompañarte- respondió, me levanté y emprendimos el regreso que fué bastante incómodo, no dijimos absolutamente nada, ni siquiera nos dirigimos una mirada, me sudaban las manos, y sentía una opresión en mi estómago.
- Hemos llegado- dijo Ulises- agradezco que hayas venido, yo te dije que algún día vendrías conmigo.
- Al parecer tenías razón- contesté- bueno es hora de irme.En ese momento me detuvo por el brazo


-no te vayas, quédate un poco mas, me dijo, esa reacción me desconcertó por completo, no sabia que hacer, quise alejarme pero Ulises no dejaba de sostener mi brazo, estaba tan nerviosa, que mi instinto hizo que soltara un manotazo mientras cerraba los ojos, poco después de hacer eso escuché a Ulises quejarse, abrí los ojos y ví cómo me miraba aterrado, en su brazo tenía cuatro grandes zarpazos y de ellos brotaba muchísima sangre. Estaba asustada, realmente no quería lastimarlo, unas gotas saladas escurrieron de mis ojos por mis mejillas, lo siento, fue lo único que pude decir, mis alas se extendieron y busqué refugio en el solitario bosque. Cuando llegué a mi hogar, parecía que hubiera peleado contra mil demonios al mismo tiempo, estaba intranquila y no dejaba de recorrer la misma rama de un lado a otro, mientras que mi mente solo tenia un pensamiento fijo, el rostro pálido de Ulises mirándome con sus ojos color miel llenos de sorpresa, sentí un nudo en mi garganta y unas gotas saladas brotaron toda la noche.


Después de eso pasaron varios días sin saber de Ulises, la verdad no me sorprendió no saber nada de él, estaba segura de que no querría volver a verme, me sentí mas sola que nunca, el nudo en mi garganta había desaparecido días atrás, pero las gotas saladas tardaron mas días en dejar de brotar, me sentía intranquila, realmente lo extrañaba demasiado. Era de noche, me encontraba lejos de casa, había estado caminando toda la noche, ni siquiera me preocupaba defender mi hogar, estaba tan hundida en mis pensamientos que no me di cuenta que los árboles no cubrían a la luna, una vez más no reconocí el lugar pero sabía que del bosque no había salido, simplemente nunca había estado ahí, era hermosa, parecía un delgado velo blanco perdido en la inmensidad de la noche, ni una sola nube amenazaba con cubrirla. En ese momento Ulises se cruzó en mi pensamiento, querìa que estuviera conmigo, supe que yo no podía darle un mejor regalo que esta maravillosa vista, pero al mismo tiempo la imagen de su rostro confundido y aterrado me impidieron ir a buscarlo, quería que se quedara hasta que yo cayera en un profundo sueño, querìa sentarme junto a él y admirar la luna hasta el amanecer, quería robarle su dolor y deshacerme de él, quería verlo sonreír y que tocara para mí, quería apoyar mi cabeza en su hombro y mis miedos dejarlos ir, deseaba no sentirme sola nunca más, pero recordé que criaturas como yo, no nacimos para ser queridas ni aceptadas, tuve la oportunidad de serlo pero mi naturaleza me impidió dejarme llevar, sabía que yo no podría darle lo que él a mí.


Miré la luna una vez más y regresé al bosque lentamente, escuchaba cómo los demonios se alistaban a atacar. La debilidad es un olor muy peculiar que todos aquí sabemos reconocer, en ese momento era presa fácil. Hice una promesa y juré que nunca volvería a buscarlo ni saldría de este lugar, mis alas se extendieron mientras iba caminando, preparé mis afiladas garras, mis orejas puntiagudas estaban alerta y mis grandes ojos rasgados brillaban mas que nunca, estaba lista para pelear y esa no sería la primera ni la ultima vez que lo haría, pero esta vez tomé en cuenta que la noche es mi maestra y me enseña a defender mi lugar, que las mañanas son el descanso anhelado y que nunca duran demasiado, sé que nunca lo volveré a ver y sé que extrañaré su forma de ser, me queda el recuerdo de su maravillosa sonrisa y la pequeña rosa que me regaló, sé que nunca lo podré olvidar, pero lo he de superar, las gotas saladas que una vez recorrieron mis mejillas, jamás les permitiré salir otra vez, pelearé por mi alimento y protegeré mi hogar, esta vez tenía presente que seres como yo estamos destinadas a vivir en soledad y ésa… es mi verdadera naturaleza.

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