Hoy la pluma está seca, las palabras no logran salir, ni aun queriendo pintar la hoja de tinta azul o negra o roja, simplemente se niegan a surgir. Llevo horas esperando que mi pluma escupa unas cuantas palabras a mi borrador, pero para mí desdicha el blanco también lo ha sometido. Tal vez a mi pluma le parezca kilométrica la distancia del blanco, tal vez las palabras se esconden ante tal extensión. Atrincheradas en la punta de mi pluma, solo logran obstruir el paso de si mismas.
Ni que decir, o más bien, ni que escribir, la marea de frustración que me avienta el blanco papel hace que desista y arroje la pluma, pero para mi sorpresa, mi pluma no dejó de escupir, lástima que no fue nada fructífero, solo chorros de tinta que se extendieron sobre el papel...
manchándolo, pero no de la forma que quise.

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