viernes, 13 de noviembre de 2009

Sutilezas

Tenía días sin verte y eso no es necesariamente malo, me he percatado de que algo anda mal, espero poder descubrirlo, hoy que paseamos juntos. "... y la pobre no dejó de llorar toda la noche, Marcos la dejó plantada y no ha sabido nada de él...". Por fin hemos llegado, por fin has soltado mi mano, ¡gracias!. No me atrevo a mirarte, y no me malinterpretes, eso solo que marea tu boca hiperactiva. "...Un latte de vainilla, pero con leche light, porfa". ¿Por qué no hablas bien?, y ¿por qué no tomas leche normal?, de igual manera la vomitarás despues. "... pero mira que ella no es fea, ya conseguirá a alguien". Por alguna razón creo que no terminaste tu frase, hay algo entrelineas, pero por ahora el cabello perfumado de una chica me ha girado la cabeza y ha bajado el volumen del chillido de tu voz que entra por mis oídos. Tal vez sea eso, necesitas cambiar tu perfume.


- Tu cabello esta muy largo-me dices, y algo sugiere que te siga la plática.
- ¿ah,si? ¿por qué lo mencionas?-
- Nada más, pero tranquilo, no te ves mal- Y ahí esta de nuevo, ese tono intrigante, esa parte de la oración que no lograste escupir. Has atrapado mi atención, no, tu plática no es interesante, pero por favor continua.
-Hice unos nuevos comics, quisiera que los vieras- Y lo único que haces es sorber del popote y revisar tus mensajes.-Mira- te paso mi cuaderno y lo empiezas a hojear tediosamente, poco despues lo cierras de golpe y señalas al otro lado de la calle. Joder, una vez más has ignorado mi trabajo.


- Es la actora que sale en mi novela favorita- me dices y no puedo evitar escupir el sorbo de café que acababa de beber.-Yuk! ¿qué te pasa?- Si, he descubierto que tus falsas sutilezas me desquician, tu cabello amarillo con la raíz negra me causan risa y con obvias razones, tu léxico me abochorna de manera sobrenatural. Ahora entiendo como es que en verdad piensas, y como es que te muestras ante la gente para ocultar tu horrendo ser, antes dijiste que la chica no era fea, pero seguramente tampoco es bonita, o por lo menos así lo crees. No me veo mal con el cabello largo, y algo me dice que tampoco me veo bien. Maldita.


-se dice actriz-El color se te ha subido al rostro y ni aunque los enormes lentes oscuros tapen la mitad de tu cara, puedes evitar mostrar lo avergonzada que te sientes. -Pero descuida, no eres tonta- te digo-pero ciertamente no eres nada inteligente. Lo siento querida, pero a mi no se me dan las sutiliezas.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Anhelo

Quisiera dejar de pensarte, quiero pero no puedo. Sin sentir y sin poder verte, quiero que te vayas de mí para siempre. Date vuelta y borra tus huellas, no quiero despues arrepentirme y seguirte deprisa. Me llevé casi todo de ti, y pienso regarlo de camino al olvido. Es difícil retener un suspiro que se clava como aguja cada vez que evito que salga de mi boca. Tu hablabas de destino cuando yo pensaba si tendría sentido. Siento que me pierdo a mi mismo, tu ausencia cala mis huesos y me deja un sabor a desprecio. Sin querer pienso en ti, por más que quisiera dejar sentir, y sin querer me dejó herir por tu lágrima que cae en mi pecho y resbala rasgando mis adentros.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Naturaleza de un ser solitario 2da parte

Nos encaminamos hacia el pueblo donde la fiesta iba a dar comienzo, los nervios empezaban a reflejarse con un dolor en mi estómago, seguía caminando pero la vista la tenia fija. Solo pensaba en qué era lo que podía pasar. Llegamos a donde la niebla desaparece y la tierra es seca. Las luces se empezaban a distinguir y en ese momento, Ulises me detuvo por el brazo y sacó de entre sus ropas un antifaz de color negro con muchos objetos pequeños y brillosos, tendrás que usarlo, me dijo, así disimulará un poco los ojos de gato que tienes aunque resaltará mucho más tu palidez, creerán que es parte del maquillaje, la forma del antifaz hacía ver mis grandes ojos, rasgados y aún mas grandes, las plumas picaban un poco mi nariz pero eso no evitó que siguiera adelante. Al estar dentro del pueblo, toda clase de sonidos inundaban mis oídos, pude ver que muchas personas vestían igual que Ulises, ropa de vistosos colores y un extraño sombrero con una enorme pluma, y cada uno tenía diferente instrumento, la mayoría cantaba y tocaba algunas melodías, otros jugaban graciosamente con manzanas arrojándolas por los aires moviéndolas en círculos. Ulises me enseñó que eso que hacían se le llama malabares. Los distintos olores que captaba mi nariz me resultaban agradables, la gente solo bebía, comía y reía, pero de pronto, una ruidosa carcajada hizo que inevitablemente volteara a ver a una señora bastante graciosa, no paraba de reír y cada vez que lo hacía, no podía evitar ver el gran espacio que tenía entre cada diente, la ropa le quedaba ajustada…qué digo ajustada, ajustadísima, parecía que en cualquier momento podría rasgarse, ella estaba sentada en un pequeño banco de madera, mientras que alguien la peinaba entretejiéndole el cabello y maquillándole los ojos, y no paraba de gritar a todo mundo,” ¿me veo bella?, ¿verdad que sí?”, me causó tanta risa que tuve que taparme la boca para que mis afilados colmillos no se vieran, Ulises tuvo la misma reacción al ver esa escena, así que me jaló del brazo para que nos fuéramos de ahí, en el camino nos encontramos a un amigo de Ulises, era un dibujante, tenia a la mano un pedazo de madera plano para poder recargarse, y un pequeño trozo de carbón, él y mi acompañante se saludaron con un fuerte abrazo, después me presentó, su nombre era Heinlen, era muy amigable hacía muchos movimientos al hablar y su risa parecía ser muy sincera. Después de conversar un rato, nos dijo que haría un dibujo de nosotros dos, hizo que nos mantuviéramos inmóviles durante unos instantes y después de eso la sorpresa fue enorme, el dibujo no era de nuestros rostros sino de nuestros ojos. Dibujó mi ojo derecho y el ojo izquierdo de Ulises, estaban acomodados en el papel de manera que pareciera que fueran del mismo rostro, fue algo inesperado pero agradable. Antes de irnos Heinlen se despidió de Ulises pero esta vez lo llamó de otra manera,


-Cuídate Elrich-
-Cierra la boca- contestó Ulises
-¿Por qué te llama de esa manera?-pregunté
-¿No te ha dicho?-preguntó Heinlen-su otro nombre es Elrich, pero odia que lo llamen así- Ulises solo lo miraba con cara de fastidio, yo también lo llamé por ese nombre y me hacía gracia verlo enojado
-Vámonos - me dijo, y me despedí de Heinlen.


Después de eso, nos sentamos en unos bancos cerca de una carpa donde había manzanas, yo me comí una, espérame aquí dijo, yo asentí con la cabeza ya que estaba comiendo con gran placer mi manzana. De regreso, Ulises venía con las manos atrás, y con su típica sonrisa, “cierra los ojos”, dijo, cerré mis ojos y sentí como colocaba algo alrededor de mi cuello, cuando los abrí ví que era un frasquito muy pequeño con una pequeña rosa en su interior y colgaba de una cuerda de color negro. Fue una sensación insólita, nunca me habían obsequiado algo, antes de que pudiera pronunciar una palabra, se acercó y pegó sus labios contra los míos, haciendo un sonido peculiar, se alejó nuevamente con los ojos muy abiertos. Yo sentía que no podía respirar seguramente tenia lo ojos igual de abiertos que él. Nuevamente traté de decir algo pero no pude, no supe qué decir, lo que hizo no me molestó, solo me incomodó un poco.


-Creo que debo irme- le dije tartamudeando
- Esta bien, déjame acompañarte- respondió, me levanté y emprendimos el regreso que fué bastante incómodo, no dijimos absolutamente nada, ni siquiera nos dirigimos una mirada, me sudaban las manos, y sentía una opresión en mi estómago.
- Hemos llegado- dijo Ulises- agradezco que hayas venido, yo te dije que algún día vendrías conmigo.
- Al parecer tenías razón- contesté- bueno es hora de irme.En ese momento me detuvo por el brazo


-no te vayas, quédate un poco mas, me dijo, esa reacción me desconcertó por completo, no sabia que hacer, quise alejarme pero Ulises no dejaba de sostener mi brazo, estaba tan nerviosa, que mi instinto hizo que soltara un manotazo mientras cerraba los ojos, poco después de hacer eso escuché a Ulises quejarse, abrí los ojos y ví cómo me miraba aterrado, en su brazo tenía cuatro grandes zarpazos y de ellos brotaba muchísima sangre. Estaba asustada, realmente no quería lastimarlo, unas gotas saladas escurrieron de mis ojos por mis mejillas, lo siento, fue lo único que pude decir, mis alas se extendieron y busqué refugio en el solitario bosque. Cuando llegué a mi hogar, parecía que hubiera peleado contra mil demonios al mismo tiempo, estaba intranquila y no dejaba de recorrer la misma rama de un lado a otro, mientras que mi mente solo tenia un pensamiento fijo, el rostro pálido de Ulises mirándome con sus ojos color miel llenos de sorpresa, sentí un nudo en mi garganta y unas gotas saladas brotaron toda la noche.


Después de eso pasaron varios días sin saber de Ulises, la verdad no me sorprendió no saber nada de él, estaba segura de que no querría volver a verme, me sentí mas sola que nunca, el nudo en mi garganta había desaparecido días atrás, pero las gotas saladas tardaron mas días en dejar de brotar, me sentía intranquila, realmente lo extrañaba demasiado. Era de noche, me encontraba lejos de casa, había estado caminando toda la noche, ni siquiera me preocupaba defender mi hogar, estaba tan hundida en mis pensamientos que no me di cuenta que los árboles no cubrían a la luna, una vez más no reconocí el lugar pero sabía que del bosque no había salido, simplemente nunca había estado ahí, era hermosa, parecía un delgado velo blanco perdido en la inmensidad de la noche, ni una sola nube amenazaba con cubrirla. En ese momento Ulises se cruzó en mi pensamiento, querìa que estuviera conmigo, supe que yo no podía darle un mejor regalo que esta maravillosa vista, pero al mismo tiempo la imagen de su rostro confundido y aterrado me impidieron ir a buscarlo, quería que se quedara hasta que yo cayera en un profundo sueño, querìa sentarme junto a él y admirar la luna hasta el amanecer, quería robarle su dolor y deshacerme de él, quería verlo sonreír y que tocara para mí, quería apoyar mi cabeza en su hombro y mis miedos dejarlos ir, deseaba no sentirme sola nunca más, pero recordé que criaturas como yo, no nacimos para ser queridas ni aceptadas, tuve la oportunidad de serlo pero mi naturaleza me impidió dejarme llevar, sabía que yo no podría darle lo que él a mí.


Miré la luna una vez más y regresé al bosque lentamente, escuchaba cómo los demonios se alistaban a atacar. La debilidad es un olor muy peculiar que todos aquí sabemos reconocer, en ese momento era presa fácil. Hice una promesa y juré que nunca volvería a buscarlo ni saldría de este lugar, mis alas se extendieron mientras iba caminando, preparé mis afiladas garras, mis orejas puntiagudas estaban alerta y mis grandes ojos rasgados brillaban mas que nunca, estaba lista para pelear y esa no sería la primera ni la ultima vez que lo haría, pero esta vez tomé en cuenta que la noche es mi maestra y me enseña a defender mi lugar, que las mañanas son el descanso anhelado y que nunca duran demasiado, sé que nunca lo volveré a ver y sé que extrañaré su forma de ser, me queda el recuerdo de su maravillosa sonrisa y la pequeña rosa que me regaló, sé que nunca lo podré olvidar, pero lo he de superar, las gotas saladas que una vez recorrieron mis mejillas, jamás les permitiré salir otra vez, pelearé por mi alimento y protegeré mi hogar, esta vez tenía presente que seres como yo estamos destinadas a vivir en soledad y ésa… es mi verdadera naturaleza.

Naturaleza de un ser solitario 1era parte

En la niebla oscura y la atmósfera helada todo es tan silencioso. Los días y las noches pasan desapercibidos, la luz del sol no logra penetrar este espeso lugar. El bosque siniestro es mi hogar, los años pasan y nada cambia. Los árboles torcidos con ramas secas sin señales de que exista la primavera, los pequeños riachuelos que empujan las hojas a lo largo de su paso y el olor de tierra mojada todas las mañanas. A veces quisiera salir, la soledad me mata, he vivido toda mi vida aquí y sin embargo sigo sin acostumbrarme, a veces me cuestionaba mi pertenencia a este lugar. Esta es la historia de un ser solitario.



Todos los días despierto adolorida y cansada de pelear, en este lugar aprendes a sobrevivir, y después aprendes que es la única manera de vivir, Todos los días me enfrento a diferentes demonios, con el solo fin de proteger el pequeño espacio que tengo para poder llegar a descansar mis alas después de las batallas y pensar en lo difícil que es no tener a alguien en quien apoyar mi cabeza hasta que quede profundamente dormida. Vivo en un viejo roble, su corteza lleva marcados los estragos de los años, sus diferentes ramas me sirven de cama y no importa que tan alto pueda ser, porque ningún árbol logra sobrepasar la espesa niebla que reina en este lugar, simplemente ves lo interminable que es. Aquí soy solo un demonio más que no se confía de nadie, y que, como la mayoría, no ha salido de este lugar, el miedo al rechazo nos mantiene aquí. Los días eran y son una rutina eterna para mí, pero eso no significa que no haya habido un momento en el que pensara que un día eso pudiera cambiar.


Reposaba encima de mi gran viejo roble, mi pie izquierdo colgaba mientras que intentaba atrapar unas graciosas siluetas de humo que no dejaban de bailar a mi alrededor y no me dejaban descansar, cuando de pronto pude distinguir entre la espesa niebla una figura de vivos colores, así que de un manotazo hice que se desvanecieran las latosas siluetas. No quise moverme, me daba curiosidad saber qué era esa criatura, no se me hizo familiar, por aquí los colores no son muy comunes. Caminaba sin sentir miedo y con una total seguridad que me hizo desconfiar, a pocos metros de distancia se detuvo frente a mí, su mirada se encontró con la mía. Instantes después me saludo con una graciosa reverencia y me dijo que su nombre era Ulises y que era un juglar. La manera tan despreocupada de iniciar una conversación me produjo una sensación extraña, así que me alejé, dí media vuelta y empecé a subir por el roble, mientras que él me preguntaba mi nombre. No le hice caso y seguí subiendo, me detuve en una gruesa rama y me disponía a dormir cuando escuché cómo las ramas secas crujían por alguna razón, era Ulises, que empezaba a subir por el árbol. Mi instinto me hizo gruñir, y al ver que no retrocedía, mis alas se extendieron por completo y mi espalda estaba arqueada, mis garras arañaron la rama, mis ojos se tiñeron completamente de negro y emití un sonido con mi garganta, solo para incitarlo a retroceder. Se detuvo y al momento de sonreirme la rama no aguantó más y se rompió. Ni siquiera me detuve a pensar en que corría peligro, simplemente me arrojé y justo antes de que llegara al suelo lo sostuve de una mano y seguí volando, pero no me dí cuenta que en la dirección a la que me dirigía, otro árbol impedía el paso e inevitablemente chocamos contra él. Me encontré en el piso llena de hojas secas un poco mareada y con un dolor en mi hombro. Al momento de incorporarme Ulises se levanta, me pregunta si estoy bien y me da la mano para ayudarme, empiezo a gruñir y empujo su mano, estaba furiosa y aun así no querìa lastimarlo. Empecé a caminar pero por alguna razón querìa ver si se encontraba bien, así que volteé y noté en su mirada una expresión de asombro. Al parecer mi indiferencia y mi forma tan huraña de ser, lo tenían sorprendido y parecía que no lo podía creer, en ese momento supe que así como él me parecía extraño yo lo era de igual manera para él. Mi orgullo se presentó al momento en que pensé hablarle al fin y por alguna razón esta vez no me dominó. Regresé y le pregunté si se encontraba bien, sonrió y respondió que solo tenía unos cuantos raspones. En tono burlón preguntó si le diría mi nombre, y respondí con cierta inseguridad.


- Mi nombre es Gabrielle-


- Ya veo –respondió- eres una vampiro, jamás había conocido uno, de hecho nunca había estado aquí- en ese momento noté que no sentía miedo alguno, el estar en un lugar totalmente desconocido no le producía ninguna sensación de angustia, “qué ser tan extraño”, dije para mis adentros, le pregunté cómo es que había llegado hasta ahí, y cómo es consiguió salir ileso y no ser atacado por algún demonio enfurecido.


- No lo sé, respondió, muchos hablan de este lugar, dicen que es tenebroso y también muy peculiar, simplemente empecé a caminar hacia acá.


Me resultaba sorprendente la manera en que llegó a este lugar, nunca había conocido a alguien así, sus ropas eran holgadas y de vistosos colores y tenia una forma tan despistada de caminar.Se sentó a los pies de un árbol y empezó a tocar un extraño objeto, su sonido hizo que mis orejas se levantaran, una enorme curiosidad me invadió y no pude evitar preguntarle


-¿que es eso?, sin despegar la mirada- es una vihuela, y es un instrumento musical, la utilizo para cantar mis versos y mis mas profundos pensamientos- respondió.


La vibración de las cuerdas y el sonido que producían me tenían hipnotizada.


-Yo no sé que haría sin Argon- dijo
- ¿quien es Argon?- pregunté
-Ella es Argon- señalando la vihuela- sé que suena extraño pero así es como la nombré-
-Gente rara, bueno no podía esperar más de ti-
- y yo no podía esperar menos hostilidad de ti- dijo con una sonrisa de oreja a oreja mientras seguía tocando.


El comentario no me agradó en lo absoluto, sobretodo porque sabía que tenía toda la razón, pero realmente nunca había tenido la necesidad de relacionarme con alguien. Si necesito alimento atrapo a mi presa si no, peleo por ella. El único lenguaje que necesitas en este lugar es el enfrentamiento.


Empezaba a soplar el viento helado, eso me advirtió que la hora en que los demonios salían a cazar, llegaría muy pronto. Ulises se percató en la manera en que yo me alertaba, le dije que debía irse, si había tenido tanta suerte en llegar hasta aquí debía aprovecharla para regresar de donde fuese que viniera.


-Si quieres que me vaya, solo dilo-
-No es eso, es solo que tú no deberías estar aquí, no sabes a lo que te enfrentas- le respondí
- Esta bien, solo porque así me lo pides, ¿pero me acompañarás cierto? Haciendo una sonrisa pícara
-¡Ja! olvídalo, tú llegaste solo y así es como te irás- le respondí
-La verdad no recuerdo bien por donde llegué, vamos tu puedes ayudarme, además no creo que tengas nada mejor que hacer, ¿o si?- me dijo en tono burlón
-Ah. esta bien, pero tendrás que seguir tocando durante el camino- dije


Caminamos en la misma dirección en la que Ulises había llegado. Mientras él tocaba la vihuela, se burlaba de mi cuando sin querer movía la cabeza al ritmo de la música. Todo me resultaba conocido al principio pero después empecé a desconocer todo el lugar, únicamente sabía que no habíamos salido del bosque aún. De pronto unas pequeñas luces se veían a lo lejos, el viento helado había cesado, la niebla poco a poco se desvanecía, los árboles tenían un poco mas de follaje y empecé a extrañar la tierra mojada que se colaba por mis dedos. Me detuve un momento, no pude seguir, sentí miedo, y no logré avanzar. Ulises preguntó si algo estaba mal, y respondí que tenia que regresar al bosque. Fijó su mirada en mí y me sonrió.


-Esta bien, agradezco que me acompañaras –me dijo
- He cumplido, márchate ya- dije en tono enfadado para no mostrar mi miedo
- No tienes porqué temer a lo desconocido- respondió

Me quedé impresionada al oír esa declaración, empecé a retroceder en mis cuatro patas, di media vuelta y me dijo, algún día vendrás conmigo, me incorporé y emprendí el vuelo sin dejar de pensar que lo que me había dicho significaba que querìa volver a verme.


Esa noche después de librar unas cuantas batallas, regresé a mi añoso roble, me dejé caer cual gota de agua al llover sobre una rama, estaba agotada, no dejaba de pensar en el encuentro de aquella tarde, para mí las casualidades no existen, solo existen los eventos necesarios para hacer un cambio en tu vida por mas mínimo que sea, y este encuentro no estaba totalmente segura de qué cambio tan drástico podría llegar a ser en mi vida. Poco después mis ojos se cerraron y caí en un profundo sueño.


Pasaron varios días, y parecía que nada fuera de lo común hubiera sucedido en mi vida, ni siquiera me pregunté si vendría Ulises a visitarme. Me encontraba bebiendo agua cerca de un arroyo, el agua helada después de despertar me reanima. Mientras estaba arrodillada frente a el riachuelo y satisfacía la sed que me secaba la boca, una pequeña criaturita saltó y me salpicó mi espalda, un escalofrío hizo que me inclinara hacia atrás, las gotitas atravesaron mi túnica y recorrieron toda mi espalda hasta llegar a la parte más baja de ella. Traté de atrapar a la traviesa criatura azul con ojos saltones y sus aletas puntiagudas pero era demasiado rápida. Tropecé con una roca y caí de rodillas, cuando el agua se calmó y se convirtió en un espejo, distinguí unas ropas de vivos colores, era Ulises, que trataba de contener su risa para no provocar mi ira, así que me empecé a sacudir estando sobre mis cuatro patas y lo mojé de pies a cabeza, corrió hasta la orilla del arroyo tratando de proteger a Argon, mi risa explotó y después de calmarme lo alcancé cerca de mi hogar sentado sobre una piedra intentando secar la vihuela.


-Esa fue una broma de mal gusto- me dijo al mismo tiempo que miraba con enfado
-Y eso que tú sólo sentiste las gotas heladas en la cara, sólo en la cara- respondí y se quedó mirándome con una expresión de interrogación
- olvídalo- le dije, y continuó secando su instrumento.
-bueno- y sonrió después de ver que Argon estaba totalmente seca- he venido, porque creo que la noticia que te tengo, contigo me hará tener un acierto. Esta noche habrá una enorme celebración, una fiesta de máscaras que produce gran emoción, a toda persona de la región.-


La invitación a mi no me produjo ninguna emoción, nunca había pensado en salir de este lugar, pero me daba cierta inquietud conocer qué había mas allá de este bosque, así que por esa extraña razón, acepté la invitación.


- Oye pero… ¿no crees que la gente, se asustará al ver una criatura como yo?-pregunté
-Calma, en estas fiestas de máscaras, todo mundo va disfrazado, no tienes de qué preocuparte- me dijo
-Si es así entonces vayamos-respondí...

Dudas

¿Qué será?... hoy despides un aroma irreal.

podría apostar que para ti es una nueva sensación,
podría jurar que vas hacia otra dirección.


¿Por qué será?... que estas a punto de despegar,
pareciera que tus palabras se dispersan en el aire,
presiento que lo que quieres es borrarme.

Me he puesto a pensar, que es lo que ahora harás,
me duele aceptarlo pero adelantaste el final,
con tanto sosiego has clavado el puñal.

Pero mira que no tengo ningún lamento
tus manos se alejaron con un rastro tan etéreo,
y tus envenenados besos detuvieron mi recelo.

Mi vida, me diste el mejor de los tiros de gracia
aun no sé qué haré con tu ausencia en las mañanas,
pensaré en la forma consolar mi alma.

Increíblemente se desvanece tanta felicidad
me invaden los celos, se me quiebra el cerebro,
la pregunta debió haber sido... ¿Quién será?

Anónimo

Aun no lo sabes, pero soy yo quién te escribe todas las noches. Soy yo el que plasma con tinta todos aquellos pensamientos que de noche salgo a cazar para poder hacerlos prisioneros de las cartas que te he de mandar todas las mañanas. Si, todas las mañanas he de hacerte llegar las palabras que a veces son escritas con tinta color frustración, y todo por no poder mostrarme ante ti. ¿Miedo?, si, bastante. Temo que dentro de tus defectos le des prioridad a mi apariencia y no a la intempestiva creatividad con la que lleno cientos de hojas todos los días, porque sé amor mío, que no eres perfecta, tengo miedo de enterarme que uno de tus defectos me dé la bofetada sabor indiferencia.

"Nos escaparemos esta noche", son palabras que están atoradas en la punta de mi lengua así como en la punta de mi pluma, son casi improbables, lo he imaginado pero creo que eso nunca ha de salir.
Y reconociendo esto, he decidido abandonar la tinta y arrumbar la pluma, dejar libres mis obsesiones por ti, que mi vista fije un nuevo objetivo, uno que sea posible. Sí, me doy por vencido, prefiero dejar a la imaginación todo lo relacionado a ti, prefiero mi idea de ti a llevarme una decepción, me he dado cuenta que el misterio es tu mayor encanto. He decidido inmortalizarte de esa manera en mi memoria.

De mis mil y un Ayeres

Ayer pensé en soñarte, quise colarme por tus ojos,
y llegar a tener lo que hace falta
para que el viento desvíe tu mirada hacia mí.

Ayer pretendí ser la figura
que moldeada por ti,
acabaría siendo lo que siempre anhelaste.



Ayer quise arrugar el tiempo
y llevarte a formar parte de mi futuro.
Añoré que mis palabras cavaran
un lugar en tu pensamiento.


Ayer te esperé una eternidad
a la orilla de mi felicidad,
y mi esperanza junto con el sol,
se hundió y tras él vino la oscuridad.

Ayer por última vez
regresé esperando ver en ti,
lo que siempre quise que fueras para mí.
Un fugaz pensamiento
me hizo caminar hacia el otro lado.


Tu recuerdo así como tu silueta
se perdieron en el horizonte,
Ayer ya no quise rasgar
la noche con mis lágrimas.

Mal Tiempo

Mira que nos ha traído el mal tiempo. Como si fuera la primera vez. Bla Bla Bla


Una ráfaga ensordecedora que distorsiona las imágenes y las aleja lentamente mientras sus colores se funden, no puedo decirte si se desvanecen en forma de remolino o como un simple borrón de tiza, no da tiempo para pensarlo, porque al momento siguiente, la calma es absoluta, los movimientos son tan torpes y lentos, una cámara lente guía mis ojos.


Mis oídos parecen haberse cerrado y sin quererlo he fijado la vista en la cremallera de un señor sentado frente a mí, pero parece que no se ha dado cuenta y aun no me percato de que tan vergonzoso sería si se diera cuenta que por alguna razón me he abstraído en el bulto entre sus piernas.


Un ardor en mis ojos quiebra el lente de mi otra realidad, parpadeo varias veces y se refrescan mis ojos, me incorporo de mi anterior posición de abnegada, un claxon suena, una niña llora, el señor de enfrente guiña un ojo, imagino mi cara de idiota y un golpe en mi cabeza junto con tus palabras favoritas: ¿oíste lo que dije?.


Observo tu cara roja de enojo, tus ojos fijos en la respuesta que estoy a punto de darte y tus puños tiemblan de tanto coraje en ellos. La sola imagen me parece chistosísima, bajo la cabeza para que no veas mi pícara sonrisa y respondo: Por supuesto cariño.

Blanco Desértico

Hoy la pluma está seca, las palabras no logran salir, ni aun queriendo pintar la hoja de tinta azul o negra o roja, simplemente se niegan a surgir. Llevo horas esperando que mi pluma escupa unas cuantas palabras a mi borrador, pero para mí desdicha el blanco también lo ha sometido. Tal vez a mi pluma le parezca kilométrica la distancia del blanco, tal vez las palabras se esconden ante tal extensión. Atrincheradas en la punta de mi pluma, solo logran obstruir el paso de si mismas.


Ni que decir, o más bien, ni que escribir, la marea de frustración que me avienta el blanco papel hace que desista y arroje la pluma, pero para mi sorpresa, mi pluma no dejó de escupir, lástima que no fue nada fructífero, solo chorros de tinta que se extendieron sobre el papel...
manchándolo, pero no de la forma que quise.

El Fondo

Aun no lo sabes, pero soy yo quién te escribe todas las noches. Soy yo el que plasma con tinta todos aquellos pensamientos que de noche salgo a cazar para poder hacerlos prisioneros de las cartas que te he de mandar todas las mañanas. Si, todas las mañanas he de hacerte llegar las palabras que a veces son escritas con tinta color frustración, y todo por no poder mostrarme ante ti. ¿Miedo?, si, bastante. Temo que dentro de tus defectos le des prioridad a mi apariencia y no a la intempestiva creatividad con la que lleno cientos de hojas todos los días, porque sé amor mío, que no eres perfecta, tengo miedo de enterarme que uno de tus defectos me dé la bofetada sabor indiferencia.



"Nos escaparemos esta noche", son palabras que están atoradas en la punta de mi lengua así como en la punta de mi pluma, son casi improbables, lo he imaginado pero creo que eso nunca ha de salir.


Y reconociendo esto, he decidido abandonar la tinta y arrumbar la pluma, dejar libres mis obsesiones por ti, que mi vista fije un nuevo objetivo, uno que sea posible. Sí, me doy por vencido, prefiero dejar a la imaginación todo lo relacionado a ti, prefiero mi idea de ti a llevarme una decepción, me he dado cuenta que el misterio es tu mayor encanto. He decidido inmortalizarte de esa manera en mi memoria.

Un poco


Un poco de sabor amargo para la noche,
un poco de textura áspera para el dolor,
has callado y fue por tu bien,
pero me has arrebatado un poco de lucidez.



Un poco de silencio a la incertidumbre,
un poco de llanto al sentimiento,
te tragaste las palabras para no creer
y fue un suspiro lo que vimos ceder.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sirena

No hay misterio, no hay duda,

tu amor es lo que yo merezco.
No debo gritarlo, no debo esforzarme,
lo sabes, lo sé, vengo a reclamar un beso.


Tu piel, tu canto, ¿qué me has hecho?
sobre la piel transparente del agua te veo,
te escapas de mí estando tan cerca,
oh dios, te deslizas con tanta destreza.


Me lanzas sonrisas y huyes también,
solo consigues inquietar mi ser,
pienso llevarte conmigo al edén,
solo te pido que te dejes querer.


Mujer, no ceses esta dulce tormenta,
no tienes idea de cuánto gozo de esta algarabía,
ven y sedúceme, rétame y después huye,
he nacido con el propósito de cazarte.


Surco el horizonte buscando señales,
he de morir divisando el atardecer,
el ultimo sonido será ese endiablado canto,
debo decir que tu distancia me ha hechizado.


Adoro saber lo que es estar desquiciado,
diablilla de mar quiero perderme en ti,
pero por ahora solo quisiera ver blanco,
y escuchar el sonido de tus labios.


Sé que al final solo la demencia me espera,
pero si tu estas en ella me resigno a la idea.